Tengo 10 años y durante los primeros 7 años de mi vida compartí un hogar con un buen hombre que vivía solo. Comíamos juntos en la pequeña cocina, pasábamos largos periodos de tiempo sentados en el sofá escuchando música sacra, a los grandes clásicos, que buena música!!! Fueron buenos tiempos que ambos disfrutamos plenamente. El año pasado llegaron unos papeles y mi compañero empezó a ponerse nervioso, salía cada día muy temprano y volvía triste, no encontraba un hogar para mí, y el tenía que partir. Nos preparábamos para lo peor, que el se fuera y que yo, quedará abandonado en la calle, ya que ni el tenía hijos, ni familiares que quisieran echarnos una mano. Un día, el teléfono sonó, mi humano empezó a hablar entrecortadamente, por fin colgó, y me contó que una señora de una asociación de gatos como yo, le decía que podía irme con ella, que no tenía que ir a la calle, que me darían todo lo que necesitará hasta encontrar otro hogar donde me quisieran como el me quería, saltamos de alegría y nos abrazamos por ultima vez. Y así fue, me vinieron a recoger, me asuste mucho porque mi viejito lloraba, no pude ni darle un cabezazo de amor, me había quedado paralizado, aunque con mis ojos le suplicaba que no me dejará partir, que no, que el era mi familia, pero nadie parecía entenderme, me separaban de mi padre, de mi amigo, de mi todo, ya nunca le volvería a ver, me despide para siempre de lo que había conocido, partía, no sé a donde,…. Llegué a un lugar con diferentes olores, muy blanco, luminoso, creo recordar, estaba agarrotado del miedo. Alguien me hablaba con voz tranquila y cariñosa, no parecía mal sitio, pero era todo tan extraño!!!!. Mi carácter de normal apacible y afable me fue cambiando, pase unas semanas de extrema agresividad porque no entendía nada, pero poco a poco he ido volviendo a ser el gato tranquilo y bueno que era. Ahora me gusta que me acaricien y que me den besos, las mujeres que me cuidan así lo hacen, cuando yo les dejo, evidentemente. El estar con otros de mi especie ya no me gusta tanto, pero el estar con humanos que me recuerdan a mi padre, si. Sí alguien quiere darme un hogar para pasar lo que me queda de vida, que no lo dude, le daré muchos años todavía de amor y compañía. Llamanos.

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