El maullido de Darbari suena a música. Suave, lento, como una llamada al acercamiento. Porque aunque se muestre tímido, te quiere cerca, y se queda mirando lo que haces.

Vivió la calle y con ello la superviviencia para encontrar comida y cobijo y el alejarse de los humanos para que que no  le hicieran daño.

 

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