faro

Faro, que ahora se llama Plüsch, me recibe en la puerta como un perro faldero y ha decidido que mi cama es la suya, me despierto cuando empieza a dar vueltas como loco, a darme pataditas o a quitarme la colcha con los dientes. Juega mucho (prefiere bolas de papel a ratoncitos de la tienda) y come mas, parece insaciable. Viendo las cantidades que traga y la velocidad a la que vacía el plato, he pasado a darle la cantidad que corresponde a sus 5kg de peso.
No tarda ni dos minutos en comerse todo y así de guapísimo se ha puesto.